Mi esposo pensó que había colgado el teléfono. Pero no lo había hecho. Y lo que escuché que le decía a otra mujer cambió todo lo que creía saber sobre nuestro matrimonio.

A veces, lo más poderoso que puedes hacer cuando alguien te traiciona es negarte a suplicarle que se convierta en la persona que alguna vez fingió ser.

Puedes escuchar la verdad.

Puedes protegerte.

Puedes llorar por lo que has perdido.

Y después, cuando estés preparada, puedes empezar de nuevo.

No para conseguir que la persona que te hizo daño se arrepienta de su decisión.

Sino para asegurarte de que sus decisiones nunca vuelvan a determinar cuánto valor te das a ti misma.

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