—Licenciada Valeria —me dijo el agente—, la cámara no alcanza a mostrar todo el interior por el reflejo del vidrio.
Mi corazón se hundió.
—Pero el micrófono ambiental captó el audio.
Me enviaron un fragmento autorizado para identificar las voces.
Lo escuché junto a la cama de Mateo.
Primero se oía su voz.
—Se manchó mi puente…
Luego Camila:
—Pues quítate.
Y después apareció una voz que me congeló la sangre.
La de Lorena.
—Camila, deja de permitir que ese mocoso te falte al respeto. Ponlo en su lugar.
Segundos después se escuchaba mi advertencia.
Después el grito de Camila.
El golpe.
El crujido.
Y finalmente el alarido de Mateo.
Me quité los audífonos con las manos temblando.
Yo había pensado que mi hermana estaba encubriendo a su hija después de perder el control.
No.
Lorena la había alentado.