Mi hermano se burló de mi uniforme frente a toda su tripulación… sin imaginar por qué una almirante había subido personalmente a inspeccionar su buque

El oficial que venía desde cubierta prácticamente corrió por la pasarela.

Mauricio levantó una ceja.

—Tranquilo, hombre. Es mi hermana.

El oficial ni siquiera lo miró.

Se detuvo frente a mí.

Enderezó la espalda.

Y saludó.

El muelle quedó completamente en silencio.

La sonrisa de Mauricio desapareció.

—Buenos días, almirante —dijo el oficial—. La tripulación está preparada para la inspección que usted encabeza.

Mauricio soltó mi manga.

—¿Almirante?

Yo todavía no había respondido cuando otro hombre apareció desde el interior del buque llevando una carpeta roja.

Su rostro estaba tenso.

—Almirante, tenemos un problema.

Mauricio tragó saliva.

—¿Qué problema?

El oficial abrió la carpeta, pero antes de mostrarme el documento miró directamente a mi hermano.

—Señora… esto fue encontrado esta mañana entre los registros que debían entregarse durante su inspección.

Mauricio perdió el color del rostro.

Y en ese instante comprendí algo mucho peor:

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