Mi hija de 4 años señaló la oreja de mi jefe y dijo: «Papá está ahí»… pero su padre había fallecido, y lo que ella notó me dejó sin palabras.

Harold estaba al otro lado de la piscina.

Cuando nos vio, sonrió.

Pero algo en aquella sonrisa era diferente.

No era la expresión relajada del amigo de Mike que yo conocía.

Había algo más.

Algo que no sabía nombrar.

Mia se soltó de mi mano y salió corriendo hacia él.

—¡Mia! ¡Despacio!

Demasiado tarde.

Harold la levantó del suelo entre risas.

—¡Te atrapé, pequeña!

Mi hija se acomodó contra su pecho.

Y entonces sucedió.

Mia dejó de sonreír.

Su mirada se quedó fija en un punto detrás de la cabeza de Harold.

Levantó lentamente una mano.

Señaló su oreja.

—Mamá…

Me acerqué.

—¿Qué pasa, cariño?

Mia miró a Harold.

Después volvió a mirarme.

—**Papá está ahí.**

Sentí que el mundo se detenía.

Harold se quedó completamente pálido.

La bajó al suelo demasiado rápido.

Mia dio un pequeño traspié.

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