En lugar de eso, miró a Lina.
—¿Puedo leerla?
Lina se puso rígida.
—No tienes que hacer esto aquí.
—Tú la escribiste.
Ryan volvió a intentar intervenir.
—Amelia, guarda eso ahora.
Mi hija giró hacia él.
—¿Por qué?
Ryan no respondió.
Ahí ocurrió la primera grieta verdadera en aquella boda.
No porque alguien gritara.
No porque apareciera una revelación imposible.
Sino porque un hombre acostumbrado a controlar la explicación no supo qué decirle a su hija.
Amelia desplegó la tarjeta.
—Dice: “Hoy empieza nuestra nueva familia y espero que pronto entiendas que algunas cosas tienen que quedarse atrás para que podamos ser felices”.
Lina cerró los ojos un instante.
Yo sentí algo frío en el estómago.
Amelia siguió.
—Y después dice que papá, ella y nosotros cinco podemos empezar de nuevo.
Me quedé inmóvil.
Nosotros cinco.
Ryan y Lina.
Mis cuatro hijos.
Seis personas.
Amelia levantó la vista.
—Pero somos cuatro niños.
Algunas personas comenzaron a mirarse entre sí.
Mi mamá reaccionó primero.
—Seguramente quiso decir otra cosa.
Amelia la observó con la seriedad que solo tienen los niños cuando los adultos intentan convencerlos de que no entendieron algo que entendieron perfectamente.
—No.
Luego volvió hacia Lina.
—Cuando me diste la bolsa esta mañana, también me dijiste que ahora sí íbamos a tener una familia completa.
Lina bajó la voz.
—Amelia, cariño…
—No me digas cariño.
Esta vez hasta yo contuve el aliento.
Ryan dio otro paso.
—No le hables así.
Amelia giró hacia él.
—¿Entonces cómo quieres que le hable?
Nadie respondió.
Yo miré a mi hermana.
—¿Qué le dijiste exactamente?
Lina levantó las manos como si yo estuviera exagerando.
—Solo intenté explicarle que las cosas iban a cambiar.
—¿Le hablaste del bebé?
La pregunta salió de mi boca antes de que pudiera detenerla.
La cara de Lina cambió apenas.
Fue suficiente.
—¿Qué le dijiste?
—Nada malo.
Amelia me tomó la mano.
—Me dijo que ya no debía ponerme triste por el bebé porque ahora íbamos a empezar otra familia.
Sentí que el piso se me alejaba.
No porque Lina hubiera causado mi pérdida.
Nunca creí eso.
Ningún médico me había dicho algo semejante y yo me había negado desde el principio a convertir mi duelo en una acusación médica que nadie podía demostrar.