Esta vez no lo hice.
Miré a Amelia.
—¿Quieres quedarte?
Ella negó con la cabeza.
—Quiero irme contigo.
Eso cambió la escena por completo.
Hasta ese momento todos discutían sobre quién tenía razón.
Desde ese instante solo importaba qué quería mi hija.
Ryan dejó la bolsa sobre una silla.
—No puedes llevártela después de causar todo esto.
—Ella me llamó.
—Nora te llamó.
—Porque Amelia me necesitaba.
—Es mi hija también.
—Sí.
No discutí eso.
Nunca lo habría hecho.
—Y precisamente por eso deberías escucharla.
Ryan miró a Amelia.
—¿De verdad quieres irte?
Ella asintió.
—Sí.
—¿Porque tu mamá vino?
—No.
—Entonces, ¿por qué?
Amelia observó a Lina, luego a su abuela y finalmente a su padre.
—Porque todos dicen que tengo que estar feliz para que ustedes estén felices.
Ryan bajó la mirada.
Fue la primera vez que pareció entender que el problema no era la tarjeta.