Tenía que proteger lo que todavía podía proteger sin convertirme en lo mismo que ellos habían hecho conmigo.
No quería vengarme de David.
No quería humillar a Daniela.
Quería que quedara claro quién había autorizado qué.
Y quién no.
La revisión de los documentos encontró otra inconsistencia.
La operación dependía de un papel que Daniela había creído suficiente porque David se lo había presentado como algo ya resuelto.
Pero cuando se comparó con la documentación que yo había conservado, esa seguridad empezó a desmoronarse.
La supuesta autorización no explicaba por qué yo tendría que haberla firmado.
Tampoco coincidía con lo que yo había dejado organizado antes de viajar.
Y, sobre todo, no podía explicar por qué nadie me había informado de la operación antes de cambiar la cerradura.