—Mamá —susurró Mateo—, ¿qué está pasando?
—Todavía no lo sé, mi amor.
Tomé el sobre.
Pesaba más de lo esperado.
Regresamos a nuestros asientos y lo abrí debajo de mi chamarra.
Dentro había tres fotografías, una copia de una transferencia bancaria y una hoja doblada.
La primera fotografía mostraba a Valeria entrando a un hotel en Polanco.
La segunda, a Alejandro bajando de un automóvil frente al mismo lugar.
Sentí náuseas.
Las fechas coincidían.
Tres meses atrás.
El día en que Alejandro me había dicho que su vuelo a Cancún se había retrasado y tendría que pasar la noche fuera.
Tuve que agarrarme del descansabrazos.
Pero entonces vi la tercera fotografía.
Y todo cambió.
Alejandro no aparecía en ella.
Valeria estaba sentada en una cafetería frente a un hombre de unos sesenta años.