Él preguntó irritado si ahora estaba redactando informes sobre su paternidad, y yo respondí que únicamente estaba registrando las necesidades reales de la niña.
Marina nos ayudó a formalizar un acuerdo temporal: Ivana viviría conmigo y Grigori la vería varias veces por semana según un horario acordado.
También seguiría cubriendo la parte acordada de los gastos corrientes, mientras que las decisiones importantes relacionadas con la salud de la niña se tomarían conjuntamente y por escrito.
Grigori firmó el documento solo después de que su propio abogado le explicara que aquello no significaba admitir una derrota, sino reducir el conflicto.
Una semana después empezó a exigir la venta de la casa, porque ya no quería seguir pagando una hipoteca por un lugar en el que, según él, no vivía nadie.
Entonces abrí por primera vez el modelo financiero completo y descubrí otro problema que antes no había visto debido a la baja por maternidad y al agotamiento.