Le respondí que estaba revisando los bienes antes de mudarme, porque no quería abandonar la casa sin comprender mis propias obligaciones y derechos.
Se echó a reír, pero demasiado fuerte, y dijo que una sola frase pronunciada durante una discusión no era suficiente para que una persona adulta se pusiera de verdad a hacer las maletas en mitad de la noche.
Le recordé que no se trataba de una sola frase, sino de varios meses de comentarios en los que llamaba realidad a mi dependencia de su salario.
Grigori dijo que estaba bromeando y luego añadió que me había vuelto demasiado sensible después del parto y que ahora convertía cualquier comentario en una acusación.
Antes, esa frase me habría hecho dudar de mí misma, pero ahora simplemente la anoté casi palabra por palabra junto con la fecha y la hora.
Le dije que por la mañana me pondría en contacto con una abogada de derecho familiar, alquilaría un apartamento y hablaría sobre un régimen temporal de vivienda, gastos y cuidado de Ivana.