Susan entendió.
Ella también se levantó.
Cuando llegó al umbral, se dio la vuelta.
—Ayer dije que sería nuestra última foto como amigas porque sabía que, después de hoy, nunca volverías a llamarme amiga.
La miré.
Treinta y siete años de recuerdos pasaron por mi mente.
Dos niñas pequeñas en el patio de una escuela.
Nuestro primer baile escolar.
Mi boda.
El nacimiento de mis hijos.
El funeral de mi madre.
La última noche de Michael en el hospital.
Y Susan estaba presente en cada uno de aquellos recuerdos.
Pero ahora cada recuerdo parecía tener dos versiones diferentes.
La que yo había conocido.
Y la que realmente había ocurrido.
Solo dije una cosa:
—Tenías razón. Esa fue nuestra última foto.
Se marchó.
Han pasado seis meses desde aquel día.
No hemos vuelto a hablar.
Me ha enviado dos cartas.