En lugar de eso Marisela me jaló aparte. “Es más bien una noche para inversionistas y equipo de trabajo.”
Miré las veinticuatro cajitas de lunch que me habían pedido hacer. “¿Entonces me quedo aquí?”
“Con los niños. Solo un ratito.”
Esa noche, después de dormir a los niños, vi un poco del evento en Instagram. Luces cálidas. Muebles de parota. Flores preciosas.
Jimena con una copa de vino, abrazando a Marisela. “Yo no hubiera podido hacer esto sin mi mamá.”
Todos aplaudieron. Marisela se veía radiante.
Yo miré a mi alrededor, las cajitas a medias en la cocina. Y algo me quedó clarísimo.
En esa casa había dos tipos de trabajo.
El trabajo que se ve.
Y el trabajo que no se ve.
Uno tenía contrato y aplausos. El otro se llamaba “ayuda”.
Sofía bajó en pijama. “¿Abuela?”
“¿Mande, mi amor?”