Y ahora, cada vez que voy a visitarlo, pronuncio las palabras que ninguno de los dos quiere volver a dejar sin decir.
—Te quiero, papá.
Y él siempre responde:
—Yo también te quiero, cariño. Mucho más de lo que jamás podrás imaginar.
Y ahora, cada vez que voy a visitarlo, pronuncio las palabras que ninguno de los dos quiere volver a dejar sin decir.
—Te quiero, papá.
Y él siempre responde:
—Yo también te quiero, cariño. Mucho más de lo que jamás podrás imaginar.