Su madre no respondió.
Entonces Haley tomó el teléfono.
Por primera vez, ya no sonaba arrogante.
—Rach… yo no sabía toda la verdad.
Rachel guardó silencio.
—Quizá no —dijo finalmente—. Pero disfrutaste viendo cómo me apartaban.
Haley comenzó a llorar.
Rachel no gritó. No insultó a nadie.
Simplemente dijo:
—Ya no quiero ser parte de vuestra imagen. Quiero ser dueña de mi propia vida.
Y terminó la llamada.
Pero cuando pensaba que todo había terminado, recibió un último mensaje de su abuelo Charles:
«Hay algo que todavía no te he contado sobre tu padre».
Rachel miró la pantalla.
Y supo que la historia estaba lejos de terminar.
Rachel se reunió con su abuelo en un pequeño restaurante, lejos de Las Vegas.
Charles parecía mucho más cansado que de costumbre.
—Tu padre no solo ocultó dinero —dijo—. También ocultó una parte de la empresa que legalmente te pertenece.