Lo que Teresa ignoraba era que el negocio de las flores estaba lleno de deudas.
También ignoraba otra cosa mucho más importante.
Diego estaba a punto de venderlo.
—El local fue de tu padre —protestó Teresa cuando él se lo confesó—. ¡Yo lo mantuve vivo durante años para entregártelo!
—Y te lo agradezco, pero ya no quiero vivir una vida que tú elegiste por mí.
La discusión se volvió insoportable.
Diego finalmente reveló que utilizaría el dinero restante para iniciar un proyecto nuevo, aunque se negó a explicar cuál.
Eso aumentó todavía más las sospechas de Teresa.
—Seguro fue idea de Valeria.
—Valeria no necesita mi dinero.
—Eso dicen todos antes de que los desplumen.
Diego se marchó furioso.
Lo que él no sabía era que la desconfianza de Teresa tenía un origen muy concreto.
Meses atrás, durante una comida familiar, Valeria había dejado su celular sobre la mesa mientras iba al baño. Teresa no acostumbraba revisar cosas ajenas, pero la pantalla se encendió con una notificación.