Cuando el médico pronunció aquellas palabras, sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—Señora Emily, necesitamos analizar algunas muestras de los alimentos que sus hijas han estado consumiendo. Hay indicios de que sus problemas no se explican únicamente por su alimentación.
Me llevé una mano a la boca.
—¿Está diciendo que alguien les ha hecho daño?
El médico no respondió inmediatamente.
—Todavía no podemos afirmarlo. Pero hay algo en los resultados que nos preocupa. Por ahora, Sarah debe permanecer bajo vigilancia médica y no podemos descartar que ambas niñas hayan estado expuestas a alguna sustancia durante un período prolongado.
Miré a través del cristal de la habitación.
Mi pequeña Sarah estaba conectada a varios monitores. Su rostro, normalmente lleno de energía, parecía diminuto entre las sábanas blancas.
Lily permanecía sentada junto a su cama, llorando en silencio.Me acerqué a ella y la abracé.