—Fui a preguntarle si su cámara había grabado cuando Rogelio atropelló mi bicicleta —explicó Mateo—. Me dijo que sí, pero mientras buscábamos el video encontramos esto.
Sentí un golpe de esperanza.
—¿Entonces existe un video del accidente?
Mateo asintió.
Rogelio cambió de expresión.
—Quiero verlo.
—Claro —dije—. Yo también.
Pero Mateo no sacó ningún teléfono.
Miró a Patricia.
Ella fue quien respondió.
—El video ya está respaldado.
Rogelio soltó una carcajada nerviosa.
—¿Respaldado? Por favor. Parece que están investigando un crimen por una bicicleta.
—No —contestó Patricia—. Estamos investigando varias quejas.
Aquello cambió el ambiente.
—¿Qué quejas? —pregunté.
Patricia respiró hondo.
—Durante los últimos dos meses, tres vecinos reportaron daños menores en vehículos estacionados cerca de esta calle. Un espejo roto, una defensa raspada y una motocicleta tirada.
Rogelio levantó ambas manos.
—¿Y ahora resulta que todo fui yo?
—Yo no dije eso.