Debajo había una lista.
Once llamadas.
Todas realizadas por Alejandro.
Todas durante las dos horas anteriores a la muerte de su hermana.
Entonces Mariana colocó sobre la mesa otro documento.
Una firma.
La firma de Laura.
Falsificada.
Y comprendí que la mentira que mi hijo había construido no había comenzado con Sofía.
Había empezado mucho antes de que mi hija muriera.
Y lo que la policía estaba a punto de revelarme sobre aquella última noche cambiaría para siempre todo lo que yo creía saber sobre mi propia familia.
PARTE 3
Durante dieciocho meses había despertado muchas noches cerca de las tres de la mañana con la misma pregunta golpeándome la cabeza:
“¿Qué necesitaba yo con tanta urgencia para hacer salir a Laura de casa?”
Había reconstruido aquella noche cientos de veces.
La lluvia.
El tránsito.
La llamada del hospital.