—Es que tuve un sueño extraño.
Me
dedicó una pequeña sonrisa.
—Últimamente has estado muy cansada, cariño.
Pero había algo en sus ojos.
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Miedo.
Desde aquel día, empecé a prestar atención a los pequeños detalles.
Daniel siempre se acostaba después de que yo me hubiera dormido. A veces, por la mañana, encontraba su teléfono debajo de nuestra cama. Una vez, descubrí que tenía una carpeta separada para fotografías.
La carpeta tenía una sola palabra como nombre.
«Emily».
Estaba protegida con contraseña.
Intenté abrirla, pero no pude.
Lo más aterrador ocurrió la semana siguiente. 😱
Una noche fingí estar dormida.
Daniel esperó unos veinte minutos.
Después se acercó.
Una vez más, me levantó el camisón.
Esta vez no llevaba solamente su teléfono.
También tenía una pequeña cinta métrica.