Mi guardia cerró la puerta detrás de él.
—Señor Morgan, el niño no entró por la recepción.
—Entonces ¿cómo llegó hasta aquí?
—Eso es precisamente el problema.
Me mostró las grabaciones.
Tommy había aparecido en el piso treinta usando el ascensor de servicio.
Sin tarjeta.
Sin código.
Pero había algo peor.
La cámara mostraba a un empleado dejándolo pasar.
Reconocí inmediatamente al hombre.
—Ramírez.
Mi guardia asintió.
—Trabaja para mantenimiento desde hace dieciocho años.
—Tráelo.
Cinco minutos después, Ramírez entró pálido.
—Señor Morgan…
—¿Por qué ayudaste al niño?
El hombre bajó la mirada.
—Porque conozco a su abuela.
—¿De dónde?
Su respuesta me heló.
—De esta propiedad.
Fruncí el ceño.
—Elena nunca ha trabajado aquí.
Ramírez levantó los ojos.
—Sí trabajó.
—¿Cuándo?
—Hace veintisiete años.
Sentí un extraño vacío en el estómago.
Veintisiete años antes, aquel terreno pertenecía a mi padre.
Mucho antes de que existiera la torre.
—¿Qué hacía
Elena aquí?
Ramírez tardó demasiado en responder.
—Cuidaba a su madre.
Mi respiración se detuvo.
Mi madre había muerto cuando yo tenía dieciocho años.
O eso me habían dicho.
—Explícate.
—No puedo.
Agarré el teléfono.
—Entonces lo hará Elena.
Una hora después llegamos a las Sombras.
Tommy iba conmigo.
Nada me había preparado para aquello.
Casas improvisadas.
Techos de plástico.Niños caminando entre barro y aguas estancadas.
Y todo aquello estaba apenas a veinte minutos de edificios que llevaban mi apellido.
Tommy corrió hacia una pequeña vivienda.
—¡Abuela!
Una mujer salió.
Cabello completamente gris.
Espalda encorvada.
Pero cuando me vio, dejó caer lo que llevaba entre las manos.
—Alejandro.
Me quedé inmóvil.
—¿Me conoce?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Conocí a tu madre.
Saqué aire lentamente.
—¿Por qué Tommy estaba buscando tierra?
Elena miró al niño.
—Porque ayer recibimos una orden.
—¿Qué orden?
Me entregó un papel.
Era una
notificación de desalojo.
En la esquina superior aparecía un logotipo que conocía perfectamente.
MORGAN URBAN DEVELOPMENT.
Mi propia empresa.
Leí la firma.
La autorización llevaba mi nombre.
—Yo nunca aprobé esto.
María, que estaba detrás de mí, tomó el documento.
—La firma es digital.
—¿Quién inició el proyecto?