Emma sostuvo a Noah contra su pecho.
Yo seguía esperando en el pasillo, después de catorce horas y veintiséis minutos escuchando puertas abrirse y cerrarse sin saber qué ocurría detrás de ellas.
—¿Puedo sostenerlo? —pregunté otra vez.
Emma miró al bebé.
Después a mí.
—Algún día.
Sentí que algo se hundía dentro de mi pecho.
—Emma…
—Ser su padre te da responsabilidades, Lucas. No derechos sobre mí. Y la confianza para tenerlo entre tus brazos tendrás que construirla.
No discutí.
Por primera vez desde que la había perdido, entendí que cualquier argumento solo demostraría que seguía sin escucharla.
—De acuerdo.
Emma pareció sorprendida.
—¿De acuerdo?
—Cuando estés preparada.
Miré a Noah.
—Los esperaré.
Ella negó lentamente.
—No. No nos esperes.
Hizo una pausa.
—Empieza a convertirte en alguien que pueda aparecer cuando lo necesiten.
Las primeras semanas fueron brutales.