Parte 2: La casa que ya no podía quitarmekara

—Quiero estar segura —dije—. Y quiero que sepa que no puede volver a hacerlo.

Teresa

—Eso es suficiente para empezar.

Esa tarde no regresé a casa.

Me quedé en un hotel pequeño cerca de la oficina de Teresa. La casa era mía legalmente, pero todavía no me sentía capaz de cruzar la puerta y enfrentar las habitaciones donde había pasado tres años pidiendo permiso para usar mi propia vida.

La primera noche dormí casi doce horas.

A la mañana siguiente, mi teléfono volvió a sonar.

Mauricio

Verónica

Mauricio

Respondí la llamada de mi hijo solo cuando Teresa estaba sentada a mi lado.

—Mamá, ¿qué hiciste? —espetó sin saludar—. Las tarjetas dejaron de funcionar.

—Eran mis tarjetas

—¡Pero estamos de vacaciones!

—Lascancelé porque tenías acceso a mis cuentas.

—Solo las manejaba por ti.

—No te pedí que manejaras nada.

Escuché a Verónica decir algo al fondo. No entendí las palabras, pero reconocí el tono: impaciencia.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *