Alina lo observó sin comprender.
—¿Qué haces?
—Cometiendo el primer acto inteligente que he hecho en mucho tiempo.
Él levantó la mirada.
Por primera vez desde
que se conocieron, no habló como empresario.
Ni como heredero.
Ni como multimillonario.
Solo como un hombre.
—Anoche escuché tu conversación.
Alina quedó inmóvil.
El color desapareció de su rostro.
—No era mi intención escuchar…
Ella cerró los ojos.
—Lo siento.
—¿Por qué te disculpas?
—Porque nunca quise que supieras lo de los médicos.
Dante se acercó.
—¿Crees que quería divorciarme porque no podías tener hijos?
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Pensé que merecías una familia.
Él tomó sus manos.
—Alina…
Esperó a que ella levantara la vista.
—Tú eres mi familia.
Ella rompió a llorar.
Durante años había contenido aquel dolor.
Ahora ya no podía hacerlo.
Dante apoyó la frente contra la de ella.