Guardé aquella hoja como el tesoro más valioso que tengo.
Porque entendí que el verdadero amor nunca humilla, nunca aterroriza y jamás llama “disciplina” a la crueldad.
Y que el día en que decidimos abrir aquella puerta no solo escapamos de una casa.
Salimos para siempre de una vida gobernada por el miedo y comenzamos otra donde mis hijos aprendieron, por fin, que el hogar es el lugar donde siempre estarán protegidos.