PARTE 2: La prueba decisiva

Richard se inclinó hacia su esposa.

Por primera vez, Vivian no sonreía.

Pero aquello era apenas el comienzo.

Durante las siguientes dos horas presenté registros bancarios, declaraciones fiscales y documentos corporativos que había obtenido legalmente durante la preparación del proceso.

No necesitaba demostrar que Preston era un mal esposo.

Necesitaba demostrar que sus afirmaciones financieras no coincidían con los hechos.

—Señor Hale —pregunté cuando Preston subió al estrado—, ¿es cierto que durante nuestro matrimonio adquirió tres propiedades comerciales?

—A través de empresas familiares.

—¿Y esas empresas utilizaron fondos de una cuenta conjunta?

Preston vaciló.

—No recuerdo los detalles.

Le mostré un extracto.

—¿Reconoce esta transferencia de ochocientos cuarenta mil dólares?

Su abogado intervino.

—Objeción. Falta establecer el contexto.

La jueza me pidió que aclarara la procedencia del documento.Lo hice.

Entonces volví a preguntar.

—¿Reconoce la transferencia?

Preston tragó saliva.

—Sí.

—¿Y reconoce que esos fondos procedían de una cuenta a la que ambos contribuíamos?

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