PARTE 2: LA VENGANZA DEL PADRE QUE TODOS SUBESTIMARON

—¿Dónde está mi hija? —pregunté, intentando incorporarme pese al dolor que me atravesaba las costillas.

Daniel Brooks cerró lentamente su maletín.

—Está a salvo, Claire. Tu padre envió a alguien a recogerla de la escuela.

Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.

—Mi esposo dijo que nunca volvería a verla.

—Tu esposo está a punto de descubrir que las amenazas también tienen consecuencias.

En ese momento, la puerta se abrió.

Mi padre entró sin escoltas, sin guardaespaldas y sin aquella expresión tranquila que había conocido toda mi vida.

Llevaba su viejo abrigo marrón.

Pero sus ojos eran diferentes.

—Papá…

Se acercó a mi cama y, cuando vio los moretones en mi rostro, sus manos comenzaron a temblar.

—Perdóname, pequeña —susurró—. Debí darme cuenta antes.

—No lo sabías.

Mi padre me besó la frente.

—Ahora sí lo sé.

Daniel le entregó una carpeta.—Señor Bennett, tenemos las grabaciones.

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