PARTE 2: LAKARA TIERRA TENÍA MI NOMBRE

Ahora los gastos funerarios pendientes se mezclaban con otra amenaza.

El desalojo.

Elena sacó de su bolso una hoja doblada.

Arriba estaba el nombre de mi empresa.

Abajo, una fecha límite.

—¿Quién

le entregó esto?

—La administradora. Dijo que si no firmábamos, perderíamos cualquier ayuda para mudarnos.

Leí el documento.

La cláusula final exigía renunciar a reclamaciones relacionadas con las condiciones del edificio.

Sentí vergüenza antes que ira.

Había hablado de renovar aquel terreno en una presentación llena de imágenes luminosas.

No había preguntado quién seguía viviendo allí.

Llamé al responsable del proyecto.

—Quiero los expedientes completos. Las inspecciones, las quejas y los avisos enviados a los residentes.

Intentó explicarme que se trataba de procedimientos habituales.

—Entonces no tendrá problema en entregarlos.

Colgué y miré a Elena.

—Quiero ayudar con el funeral y con un lugar seguro donde puedan quedarse. Pero usted decide dónde. También puedo facilitarle una abogada independiente.

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