PARTE 2: LOS TRES HEREDEROS DE ETHAN LANCASTER

Eso era suficiente.

A las nueve de la mañana, mi teléfono sonó.

Era Ethan.

—

—Ya hablamos anoche.

—No sobre nosotros. Sobre Victoria Harper.

Me quedé en silencio.

—¿Qué ocurre con ella?

—Ha solicitado una reunión urgente con mi abogado. Dice que tiene información sobre nuestro divorcio.

Miré por la ventana.

—Entonces escúchala.

—Isabella, hay algo más. Mi madre ha abandonado la ciudad.

No me sorprendió.

Margaret nunca había sido una mujer que aceptara las consecuencias de sus actos.

—Ethan, no voy a investigar por ti.

—No te lo estoy pidiendo.

Su voz se volvió más baja.

—Solo quiero que sepas que no volveré a ocultarte nada.

Colgué.

Aquella tarde, Victoria apareció en mi oficina.

Llevaba un abrigo gris y parecía haber envejecido diez años en una sola noche.

—Isabella, sé que no tengo derecho a pedirte nada.

—Entonces no me pidas nada. Habla.

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