Ethan Lancaster seguía teniendo su imperio.
Mis hijos tenían ahora la posibilidad de conocer a su padre.
Y yo tenía algo que ningún multimillonario podía comprarme:
La tranquilidad de saber que había protegido a mis hijos, que había conservado mi dignidad y que, cuando finalmente llegó la verdad, tuve el valor de enfrentarla sin renunciar a la vida que había construido.