Eso era lo que había guardado.
No una tarde.
No una discusión.
Semanas.
Había empezado a descargar los respaldos después de aquella lámpara rota. Al principio me había dicho que sólo quería conservarlos por si Ethan volvía a perder el control.
Luego dejé de preguntarme por qué.
Abrí la grabación de esa tarde.
Ahí estaba él, frente al cuarto del bebé.
Ahí estaba yo.
Ahí estaba su brazo impidiéndome pasar.
Cerré el video.
Ya tenía la respuesta a una pregunta.
Sí, el sistema había guardado lo ocurrido.
Pero eso abrió otra mucho peor.
¿Qué más había quedado grabado?
—¿Qué estás viendo?
Levanté la cabeza.
Ethan estaba al pie de las escaleras.
Bloqueé el teléfono.
—Nada que necesites ver.
Su cara cambió.
No fue enojo primero.
Fue reconocimiento.
Miró hacia la cámara del pasillo.