La miré.
—Ese es tu problema, mamá. Escuchaste que estaba lesionado y calculaste cuánto recibí.
Bajó la mirada.
—Nunca preguntaste cuánto me dolía.
Phoebe pasó meses en tratamiento.
Hubo días buenos.
Otros terribles.
Pero comenzó a recuperar peso.
Volvió a caminar distancias cortas sin ayuda.
Su oncóloga reajustó el tratamiento según su condición real.
Nunca dijimos que el dinero podía comprar una cura.
Solo compramos algo que ella debió haber tenido desde el principio:
acceso constante a atención médica, alimentación, descanso y dignidad.
Yo no regresé a Alemania.
Con asesoría financiera, organicé una vida más sencilla.
Phoebe y yo nos mudamos.
La casa quedó sujeta a la revisión patrimonial correspondiente; no expulsé a nadie basándome únicamente en mi furia.
Godfrey terminó vendiendo parte de sus activos para resolver obligaciones que le correspondían.
Selina tuvo que responder por aquellos movimientos que pudieron probarse.