En ese momento entendí algo esencial: el niño no era la herencia de Rodrigo. Solo era un niño asustado y enfermo, atrapado dentro de una historia podrida que no eligió. Mi ira permaneció intacta hacia los adultos. Pero con él, ya no había espacio para la dureza.
El procedimiento fue semanas después.
No fue fácil. Hubo estudios, restricciones, miedos, consentimientos. Ximena soportó todo con una madurez que me asustó un poco, porque a veces parecía demasiado adulta para su edad. Me quedé a su lado en cada análisis, en cada pinchazo, en cada noche anterior donde el miedo se escabulló bajo la puerta. Astronomía
La noche anterior al procedimiento me dijo:
—Mamá.
—¿Sí?
—¿Crees que me van a amar ahora?
La pregunta me deshizo.
Me acerqué y le tomé la cara.
—No hagas esto por su amor. El amor que vale no se puede comprar con sangre, ni con sacrificios, ni con salvar la vida de nadie. Si un día te aman, que sea porque te conocieron hasta tarde y entendieron lo que perdieron. Pero no estás aquí para ganarte un lugar. Ya lo tienes. Conmigo. Siempre.