—Ernesto, la carne que llegó el martes no es tuya. Algo está mal.
Fui inmediatamente a la bodega.
Javier revisó las cámaras que habíamos instalado semanas atrás.
A las 11:17 de la noche anterior a la entrega, dos personas habían entrado por un acceso secundario.
Sacaron cajas de producto.
Después alguien sustituyó parte de un pedido por carne de calidad inferior.
La puerta había sido abierta con un código.
Javier giró la pantalla hacia mí.
Era el código de Mauricio.
Sentí algo peor que rabia.
Mi hijo no había entrado esa noche.
Lo conocía demasiado bien.
Pero también comprendí lo que seguramente había sucedido.
Él había entregado su acceso a alguien.Sin preguntar.
Sin verificar.
Como había firmado los papeles.
Como había guardado silencio mientras su esposa me echaba de mi habitación.
Reemplazamos personalmente toda la mercancía del restaurante y yo asumí la responsabilidad frente al cliente.