En la escuela, los demás niños se burlaban de mí. Nunca asistía a fiestas en la piscina, jamás usaba ropa de manga corta y siempre intentaba esconderme cuando alguien sacaba una cámara.
Cuando tenía doce años, dibujé el cuerpo de mis sueños en un pequeño cuaderno.
No era delgado.
Estaba completamente cubierto de hermosas flores, mariposas y diseños que tenían un significado especial para mí.
Creía que, si algún día podía decorar mi cuerpo con las imágenes que tanto me gustaban, quizás finalmente aprendería a quererme.
Pero mantuve ese sueño en secreto durante muchos años.
Cuando me casé con Michael, pensé que por fin había encontrado a un hombre que me aceptaría exactamente como era.
Sin embargo, incluso después de casarnos, seguía avergonzándome de mi apariencia.