Tenía solo 18 años cuando mi jefe de 58 me llamó a una cocina vacía, cerró la puerta con llave y me dijo: «Necesitas dinero, ¿verdad? Entonces harás todo lo que yo quiera, y no te irás a casa hasta que lo hagas…». Cuando intenté escapar, me agarró del hombro y…

Y todavía conservo una vieja fotografía de Robert y de mí, de pie junto a aquel gran frigorífico metálico de la cocina del restaurante.

Me recuerda que las apariencias y los rumores a veces pueden llevarnos a conclusiones equivocadas.

Pero también me recuerda algo todavía más importante.

Incluso alguien con las mejores intenciones debe respetar el miedo, la libertad y los

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