La levantó.
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Debajo estaba la pequeña caja fuerte que había pertenecido a su abuelo.
Lucía introdujo el código y encontró una carpeta azul.
Dentro estaba la escritura original de la propiedad.
El documento tenía algo que cambiaba completamente la situación.
La casa estaba registrada a su nombre.
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No era de Andrés.
No era de Carmen.
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Y tampoco era de Marta.
Años antes, Julián había dejado todo preparado mediante una donación notarial para que Lucía recibiera la propiedad.