Y, en cuestión de segundos, sentí que las piernas me fallaban.
La carta no hablaba de otra mujer.
Hablaba de un niño de cinco años llamado Ethan; un niño del que nunca había oído hablar.
Jack escribió que, si encontraba a Ethan, por fin entendería por qué había guardado tantos secretos.
—¿Quién es Ethan? —le pregunté a Mara. Ella se negó a responder.
—¿Es tu hijo?
—No.
—¿Jack tenía una aventura contigo?
—No.
—Entonces, ¿quién es él?
Los ojos de Mara se llenaron de lágrimas.
—Le prometí a Jack que no te lo diría.
Fue entonces cuando me di cuenta de que la verdad era mucho más grande que una aventura.
Estaba relacionada con la infancia de Jack, con una familia que él creía haber perdido para siempre y con un secreto que había intentado descubrir desesperadamente antes de morir.