La respuesta de Morrison fue sencilla: «Ella vio a un viejo motociclista que podía parecerle aterrador y decidió que estaba a salvo conmigo.
¿Quién soy yo para demostrarle lo contrario?»
Hoy, Hope duerme tranquila en su habitación abrazada a su oso de peluche, al que llama Biker Bear.
Y cada vez que Morrison la mira, recuerda aquella noche en la carretera.
Una niña sola. Una carretera oscura. Y una decisión que cambió dos vidas para siempre.
El club de motociclistas también la considera parte de la familia. Son quince hombres que harían cualquier cosa para protegerla.

Porque para ellos las reglas son simples: Proteger a los inocentes.
Ayudar a quienes han sido heridos por la vida.
Y jamás pasar de largo cuando un niño necesita ayuda.
Para Morrison, Hope no fue simplemente la niña que encontró aquella noche.
Fue la razón por la que decidió volver a abrir su corazón.