Un padre ofreció dinero a una mesera para fingir ser la madre de su hija, pero ella hizo algo inesperado

La niña quería pasta con salsa de tomate y pequeñas albóndigas.

—Y queso —aclaró.

—Mucho queso —dijo Alejandro.

—Papá.

—¿Qué?

—No tanto.

Mariana se rio.

—La cumpleañera manda.

Sofía la miró con una sonrisa enorme.

—¿Las mamás siempre dicen eso?

Mariana se quedó quieta un instante.

Alejandro también.

Pero Sofía no parecía triste.

Era una pregunta sincera.

—Las mamás también tienen que escuchar a la cumpleañera de vez en cuando —respondió Mariana.

—Entonces sí me gusta.

La conversación siguió.

Sofía habló del preescolar.

De una compañera que dibujaba casas gigantes.

De un niño que siempre perdía sus colores.

De un conejo de peluche que dormía junto a ella todas las noches.

Mariana hacía preguntas.

Sofía contestaba cada vez con más entusiasmo.

Alejandro hablaba menos.

Gran parte del tiempo se limitaba a observarlas.

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