Yo dije que lo que más miedo me daba era volver a despertar junto a alguien que llevaba meses viviendo en otra realidad, completamente sin mí.
No nos pusimos de acuerdo en todo de inmediato, pero establecimos una regla sencilla: las noticias médicas podían esperar unas horas, pero no varios meses.
La psicóloga ayudó a Sofiyka a encontrar sus propias palabras para expresar el miedo, y ella dibujó un calendario en el que señalaba los días de los procedimientos con pequeños círculos de papel verde.
Algunas semanas eran mejores, otras más difíciles, y en una ocasión Andriy volvió a ingresar por una complicación que requería vigilancia médica estrecha y urgente.
Esta vez me llamó él mismo antes de que la enfermera terminara de tramitar su ingreso en la habitación y me contó la verdad sin inventar nada para suavizarla.