UNA NIÑA SIN HOGAR LE ENSEÑÓ ÁLGEBRA A MI HIJA A TRAVÉS DE UNA REJA… Y TERMINÓ CAMBIANDO NUESTRAS VIDAS PARA SIEMPRE
—Papá, ella debería estudiar aquí.
Mi hija Sofía me dijo esas palabras mientras señalaba a una niña delgada, con unos tenis gastados y un cuaderno viejo apretado contra el pecho.
Yo tenía 52 años entonces. Sofía apenas siete.
Y hasta ese momento estaba convencido de que el mayor problema de mi hija era que tenía demasiado.
Me llamo Alejandro Robles. Hoy tengo 63 años, pero todavía recuerdo aquella tarde con una claridad incómoda, porque fue el día en que entendí algo que ningún negocio, ningún asesor y ningún éxito profesional había logrado enseñarme.
Durante años había trabajado sin descanso.
Había creado una empresa de software cuando era joven y, con el tiempo, el negocio creció mucho más de lo que yo había imaginado.