Llevaba en mi bolsa una carpeta con estados de cuenta, fotografías, recibos y los documentos que Natalia había preparado.
Mi suegra me recibió nerviosa.
—Mariana, antes de que lleguen los demás quiero pedirte algo.
—Dígame.
—No armes un escándalo. Rodrigo está arrepentido. Valeria también está muy nerviosa. Podemos resolver esto entre nosotros.
La miré unos segundos.
—Eso llevan seis meses haciendo, ¿no? Resolverlo entre ustedes.
Teresa bajó los ojos.
A las cinco y media llegó Alejandro.
Se veía cansado por el viaje, pero sonrió al verme.
—¿También viniste temprano?
—Sí.
Sentí culpa por él.
No porque yo hubiera provocado nada, sino porque sabía que en menos de una hora su vida también iba a cambiar.
Valeria apareció después con Camila.
Cuando me vio, su expresión se endureció.
Rodrigo fue el último.
Entró hablando por teléfono, pero al descubrir a Alejandro sentado en la sala se quedó quieto durante una fracción de segundo.