En realidad, le había dejado algo más difícil de comprar: la prueba de que una salida puede existir antes de que una persona se atreva a usarla.
Y Carmen, que 2 días antes había estado de rodillas fregando el baño de otra mujer mientras le temblaban las manos, se sentó frente a su máquina, levantó el prensatelas y empezó a coser sin que nadie le ordenara nada.