Federico acomodó una carpeta.
—Entonces tenemos un problema.
Mi mamá respondió con una tranquilidad que me revolvió el estómago.
—Para cuando vuelva, todo estará hecho.
Sentí que Laura me apretaba la mano.
En la grabación, Federico sacó varios documentos.
Reconocí inmediatamente la dirección de nuestra casa.
Después apareció el nombre de la empresa de Mauricio.
No entendía todos los términos legales, pero sí entendí lo importante: habían intentado construir una cadena de documentos para aparentar que Laura y yo habíamos aceptado transferir derechos y facultades que nunca autorizamos.
—¿Cómo conseguiste esto? —pregunté.
Laura tardó en responder.
—Dejé una cámara vieja grabando.
La miré.
—¿Ellos sabían?
Negó con la cabeza.
—No.
Entonces me explicó lo que había sucedido.
Al principio, Teresa solamente iba a la casa de vez en cuando.
Llevaba comida. Preguntaba si Laura necesitaba algo. Incluso se ofrecía a acompañarla al banco.