Volví de París 3 días antes y me escondí bajo la cama al oír entrar a mi marido con una mujer embarazada. Mientras él acariciaba su vientre, escuché: “Cuando Laura desaparezca, los 18 millones serán nuestros”. No salí ni lloré; llamé a mi abogada y guardé las escrituras. Entonces encontré una carpeta con el nombre de mi padre, fechada 11 días antes del accidente.

El caso no se resolvió en 1 noche. Hubo peritajes, análisis de comunicaciones, declaraciones y meses enteros de incertidumbre. La investigación reunió nuevos indicios sobre la manipulación del vehículo y sobre las maniobras posteriores destinadas a controlar los bienes de Laura.

Natalia entregó todos los audios.

Laura aceptó verla 1 vez más en una terraza cerca de El Retiro. El embarazo estaba muy avanzado.

—Sabía que Álvaro estaba casado —admitió Natalia—. Me decía que vuestro matrimonio sólo existía por negocios, pero yo sabía que vivíais juntos. Y cuando me habló del dinero, pensé en la casa que podríamos comprar, en mi hijo, en no preocuparme nunca más.

—¿Sabías lo de mis padres?

—No. Cuando lo escuché quise pensar que exageraba. Luego le pregunté qué pasaría conmigo después de cobrar. Me dijo que nadie era imprescindible.

Natalia bajó la mirada.

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