Durante meses apenas hablaron. Eva cumplía los pagos acordados y mandaba mensajes breves a Pilar en fechas señaladas. Pilar los leía, pero ya no respondía por obligación.
Un domingo, casi 7 meses después de la salida de la casa, Eva pidió verla.
Pilar aceptó con una condición: la conversación sería en una cafetería, no en casa.
Elena la acompañó, pero se sentó lejos.
Eva llegó sin Álvaro.
Estaba más delgada y parecía cansada. No intentó justificar nada. No habló del coche, ni del negocio, ni del dinero.
Solo dijo:
—Me acostumbré a pensar que, como eras mi madre, siempre ibas a perdonarme antes de que yo cambiara.
Pilar la miró durante mucho tiempo.
—Perdonar no significa volver a entregarte las llaves.
Eva bajó la cabeza.
Fue la primera conversación en la que ambas parecieron hablar como 2 adultas y no como una madre obligada a rescatar y una hija acostumbrada a ser rescatada.