—¡Pero son las fotografÃas de la abuela!
—No van a desaparecer. Ahora lo más importante eres tú.
La niña obedeció.
Johan volvió a intentar mover el armario.
Fue inútil.
Desde la calle llegó la voz de Markus:
—¡Papá! ¡He traÃdo a los rescatistas!
Un minuto después, dos hombres vestidos con trajes de rescate entraron en la habitación.
Uno de ellos aseguró una cuerda, mientras el otro levantó un extremo del armario utilizando una palanca.
Johan liberó cuidadosamente la pierna de su nieta.
—Agárrate a mÃ.
Ingrid le rodeó el cuello con los brazos.
Cuando uno de los rescatistas tomó a la niña en brazos, ella rompió a llorar de repente.
—¡Abuelo, pensé que nunca volverÃa a verte!
Johan besó su cabello mojado.
—Y yo le prometà a tu abuela que siempre estarÃa cerca cuando me necesitaran.
Salieron de la casa apenas unos minutos antes de que los rescatistas cerraran el acceso a la calle de la parte baja.