Perdió el dinero.
Todo.
Más tarde, los investigadores recuperaron información que demostraba que había pasado sus últimas horas solo y profundamente angustiado.
Adam había llegado a convencerse de que había destruido la única oportunidad de supervivencia de su madre.
No sabía cómo enfrentarse a las personas que habían confiado en él.
Ni cómo contarle a su madre lo que había sucedido.
Aquella noche, abrumado por la desesperación, Adam intentó hacerse daño.

Los servicios de emergencia lo encontraron en estado crítico y lo trasladaron a un hospital.
Los médicos intentaron salvarlo.
Pero Adam murió.
Tenía diecisiete años.
Cuando la federación informó a Michael, no podía creerlo.
Apenas unos días antes había estado sentado junto a Adam en el vestuario, escuchándolo hablar de su madre.
Michael no dejaba de pensar en lo asustado que parecía Adam.