Carmen dijo que no.
Después llegó la operación, la medicación, el cansancio y los días en los que apenas recordaba si había desayunado. Y Rubén cambió de estrategia.
Primero llevó un formulario que presentó como una simple autorización para hacer gestiones durante la recuperación. Después añadió otros. Cuando Carmen preguntaba, él señalaba una línea y decía:
—Firma aquí, mamá, es para que no tengas que preocuparte.
Una tarde incluso colocó los papeles sobre la manta mientras ella luchaba por mantener los ojos abiertos. Mateo lo había visto desde el rellano.
—No quería hacerte daño —dijo Rubén.
Carmen lo miró durante varios segundos.
—Ese es el problema. Sigues hablando de lo que querías tú. Yo había dicho que no.
Rubén se pasó ambas manos por la cara.
—Tenía miedo.
—Y yo acababa de salir de una operación.