A las 3:12 de la madrugada estaba vendada de pies a cabeza en la UCI cuando la amante de mi esposo entró y sonrió: “¿Todavía sigues viva?”. Tenía tres costillas fracturadas y apenas podía respirar, pero no grité. Solo la miré en silencio. Horas después, mi esposo llegó con 5 millones y una condición relacionada con nuestro hijo que convirtió aquella golpiza en algo todavía peor.

Por primera vez en muchos años, no tuve miedo del día siguiente.

Buenas noches, Valeria del pasado.

Gracias por haber sobrevivido.

Y bienvenida, Valeria del futuro.

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